Fiestas del Melocotón de la Nava
Existen
celebraciones que exceden los límites del término municipal donde
se desarrollan, fiestas que van más allá del pueblo que las vive,
para convertirse en elementos que identifican toda la zona, que
atraen gentes de muchos lugares.
La
fiesta del melocotón de La Nava es una de estas festividades.
Cientos de personas de todos los pueblos de la sierra acudirán a
este pueblo este último fin de semana del mes de agosto para
reencontrarse mutuamente. El melocotón actúa de esta forma como
hito aglutinante de la unión entre pueblos serranos, como factor que
agrupa personas de diversas procedencias.
Buena
parte de culpa la tiene el carácter de los navinos, abiertos y
hospitalarios como ningunos, que invitan a su fiesta a autoridades de
todos los pueblos de la comarca para compartir ágape en la Casa de
la Cultura. Los vecinos de este pueblo funcionan en grupo,
colaborando en todo cuanto se propone por parte de una institución o
un colectivo local. Todos ayudando para mantener tradiciones
ancestrales y para que el nombre de su pueblo llegue muy lejos.
Esto
es lo que demuestran en la “pelá” del melocotón, acto previo a
la fiesta que tendrá lugar la tarde del último Viernes del mes de
Agosto. El relevo que se produce en este momento, las características
de comunidad que trabaja unida por un objetivo global, el hecho de
que generaciones enteras se dedique a la monda del fruto convierten
la “pelá” en un hecho de afirmación de La Nava.
Los
navinos y las navinas pelan cientos de kilos de melocotones para
convertirlos en ponche y ofrecerlos a los serranos, a miles de
visitantes que llenarán sus calles en la fiesta. Les ceden parte de
su tierra, de su fruto, de su propia existencia milenaria a través
del ponche. Un néctar de dioses, que dirían los clásicos, el que
se reparte gratuitamente en la fiesta del melocotón.
La
receta de este líquido dulce sería codiciada hasta por Ferrán
Adriá y toda esa pléyade de cocineros que se han hecho famosos en
los últimos años, pero que no tienen la sabiduría que atesoran las
gentes de La Nava.
El
último fin de semana de Agosto, llegará el día grande, y el
reparto del ponche gratuito para todos los asistentes.
Durante
la década de 1950 y principios de los 60, La Nava experimentó un
gran auge poblacional, llegando a pasar de los 1.000 habitantes y
todo ello gracias al trabajo que proporcionaba la mina María Luisa.
Los trabajadores que vivían en La Nava, cuando terminaban su
jornada laboral,se dedicaban al cultivo de las huertas existentes en
el término con el fin de ayudar a la economía familiar con los
productos que obtenían de las fértiles tierras; en las huertas
sembraban las patatas que serían el sustento de todo un año, junto
con el tomate , cebollas, ajos y toda clase hortalizas que se podían
conservar. Pero las huertas no sólo producían este tipo de
cultivos, sino que acogían en su seno los árboles que tanta fama
le han dado a la población: los melocotoneros. Las plantaciones de
melocotoneros a principios de los 60 suponían para los vecinos una
de las mayores riquezas de la tierra, pues durante la época de
recolección de la fruta en todas las casas que poseían huertas
había un intenso trabajo; por la mañana se realizaba el proceso de
recogida en la huerta; al mediodía, se envasaban las cajas con la
preciada fruta; a estas cajas se le colocaba en el fondo una
alfombra de mastranto para evitar el daño que se pudiese producir
al melocotón, planta que, a la vez, proporcionaba un intenso y
delicioso olor en todas las casas; por la tarde se sacaban las
cajas ya preparadas a las puertas de las casas y se esperaba a que
pasara el camión que las transportarían a la lonja de Sevilla.
Este sistema de transporte y venta dio paso a otros varios
mecanismos, como su venta directa a empresas de Murcia, que dieron
renombre al melocotón de La Nava en toda España. Pero, con el
cierre de la mina María Luisa, el declive económico y la
emigración afectaron también a la producción de las huertas, que
quedaron semiabandonadas, al menos en lo que a su explotación
comercial se refiere. Con tantos vecinos fuera del pueblo, los
habitantes de La Nava quedaron reducidos a poco más de 300.Los
emigrantes esperaban con ansia la llegada de unos días de
vacaciones para poder volver al pueblo, principalmente con motivo de
las fiestas patronales. Tanto empeño ponían, que en 1964 esta
festividad hubo de ser cambiada de fechas para poder albergar a los
hijos del pueblo que volvían en Agosto. A resultas de este cambio,
el calendario festivo de La Nava quedó huérfano de actividades
durante los primeros días de Septiembre, a lo que, de inmediato se
puso solución por parte de un grupo de vecinos que, ni cortos ni
perezosos,buscaron un gran barreño y unos kilos de melocotones con
los que hicieron bastantes litros de exquisito ponche; tantos, que
los vecinos fueron invitados a participar del festín. Tras la
degustación, alguno se preguntó por qué no extendían la
invitación a todo el pueblo, e incluso se planteó la posibilidad
de organizar unos festejos entorno al mejor producto que ofrecía el
pueblo: el melocotón. Tanto empeño pusieron, que se creó una
Comisión de Festejos encargados de poner en marcha aquella idea. El
éxito fue inmediato, y todo el pueblo se volcó con las nuevas
fiestas. Además de representaciones teatrales y otras actividades
culturales, los pilares de los primeros años fueron la elección de
reina y damas de las fiestas y el reparto gratuito del rico ponche
navino. Fueron dos elementos mantenidos y mejorados a lo largo de la
historia, que también ha mantenido la recuperación del traje
típico de hortelana serrana, rescatado del baúl de los recuerdos
por esta comisión festiva .Hasta 1974, las Damas de Honor que
acompañaban a la reina fueron de La Nava, pero a partir de
entonces, se comenzó a invitar a los pueblos vecinos, cuyos
Alcaldes acudían acompañados de su dama correspondiente. Esta
práctica ha hecho de la Fiesta del Melocotón un acontecimiento que
trasciende fronteras, ya que suelen responder a la invitación
localidades de toda la Comarca de la Sierra, además de pueblos de
las vecinas Sevílla, Badajoz y Portugal.
Al
terminar las Fiestas de Ntra. Sra. de las Virtudes, sobre el día 15
de Agosto, La Nava comienza a preparar sus fiestas mas populares,
las del Melocotón, que se celebrarán invariablemente durante la
última semana del mes de Agosto. Para ello, se nombra a la Reina,
que ha de ser hija del pueblo,normalmente durante el mes de Mayo,
con objeto de que tenga tiempo para reparar todo lo necesario, con
lo que se comprueba cómo las fiestas del melocotón implican a todo
el pueblo durante todo el año. seguidamente se da comienzo al
diseño y construcción del monumento que contendrá el preciado
líquido por el que tantas personas se reúnen: el ponche. Esta
operación se realiza también con mucha antelación, aunque se
lleva a cabo con gran sigilo para contribuir a la sorpresa. Mientras
se ultima la construcción del monumento, llegan las vísperas de
las Fiestas; el viernes, los hombres del pueblo van recorriendo las
huertas y recogiendo los melocotones, que los propietarios tienen a
bien regalar para que el ponche salga lo mejor posible,mientras que
los más jóvenes se dedican a engalanar el recinto de la
festividad,esperando que llegue la noche. Ya avanzada la tarde se
inicia la actividad, comienza la pela de los melocotones; los frutos
desprenden un aroma tan inconfundible, que dicen solo con olerlos
que son de La Nava y que están esperando a que les llegue su hora,
la cual llega cuando las hábiles manos de estos vecinos y vecinas
les toman entre sus dedos y comienzan a pelar mas de 300 kilos de
nuestra fruta más preciada. Anteriormente, la división de roles
estaba muy acentuada, de forma que, mientras las mujeres se dedican
a la pela. los hombres colocaban el monumento en su lugar
definitivo, siendo observados por todos los que quieren acercarse
para verlo. Afortunadamente, este reparto algo sexista no se produce
con la misma exclusión que antaño, lo cual convierte a la pelá
en un espectáculo de verdadera integración social. Los que se
afanan en esta tarea son agasajados por el resto del pueblo, que les
lleva café, refrescos y alguna que otra bebida, lo cual contribuye
a crear un ambiente único que inicia el proceso de ebullición de
la fiesta. El objetivo final de la pelá se alcanza cuando los
pequeños trozos del fruto se introducen en recipientes llenos de
buen vino blanco del Condado, para que vayan tomando el alcohol
necesario, hasta que a la mañana siguiente se haga el ponche. La
elaboración del liquido es labor de una sola persona, que guarda el
secreto celosamente de generación en generación, y que, aunque los
ingredientes principales son 2.500 litros entre vino blanco, gaseosa
y azúcar y algún que otro ingrediente más bien secreto, que
aporta un sabor exquisito y especial. El sábado es el día grande.
El carácter comarcal de la fiesta se pone de manifiesto en el lugar
de encuentro habitual, situado en el cruce de caminos de dos
carreteras importantes para la zona de la Sierra. Desde allí, se
acercarán a La Nava las autoridades y Damas representantes de los
20 a 25 pueblos que asisten a la Fiesta, para ser recibidos por las
autoridades locales, mientras llegan todos los invitados;
seguidamente y en caravana, realizan la entrada en la localidad,
para proceder a la coronación de la Reina.
Comienza el acto en casa de la Reina saliente, quien acompañada por los Alcaldes y Damas de los diferentes pueblo y, precedidos por la Banda de Música, va a recoger a la Reina entrante, quién, del brazo de una relevante personalidad, será llevada hasta el recinto ferial. Una vez en el Paseo de los Rosales, donde se instala toda la parafernalia que acoge esta fiesta, irán apareciendo las Damas por orden alfabético de los pueblos a los que representan, mientras que el mantenedor de las Fiestas irá haciendo un canto a cada uno de dichos pueblos, entrando en último lugar la reina del presente año, siendo coronada por la reina del año anterior. Seguidamente se impondrán las bandas a todas las Damas, a las que también se les entrega un hermoso ramo de flores por parte de una cohorte de chiquillos y chiquillas ataviados con el traje de hortelano y hortelana. A continuación, será leído el pregón por un renombrado orador, papel apreciado por todo aquel que es designado para desempeñarlo. Terminado este acto , la Reina se acercará hasta el monumento que contiene el Ponche, y lo ofrecerá a sus Damas y a todos los asistentes, quienes podrán degustarlo gratis hasta que se termine.

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